Todos los datos que se exponen en este breve bosquejo histórico están sacados de las Ordenanzas que tenemos de 1803, las cuales se encuentran en el Archivo Histórico Nacional.
Según los datos más antiguos que se poseen, la Cofradía se fundó por un grupo de hombres, que llevados por el amor a Dios Nuestro Señor quisieron venerarlo a Él y a su Santa Cruz. Y Dios quiso que se descubriese la Cruz por medio de la tenacidad de Santa Elena y que tan precioso tesoro lo llevaran por Estandarte en memoria de lo mucho que padeció por nosotros. Por este motivo nuestra Cofradía lleva el nombre de Santa Elena y su lema es la veneración de la Cruz.
Su fundación fue en el convento de los Carmelitas Descalzos como se deriva de la aprobación de las primeras Ordenanzas por el Obispo de Jaén, en las cuales se la denomina como "Cofradía de Santa Elena", indicando a continuación: “que se sirva en el Convento de los Descalzos de Nuestra Señora del Carmen de la Ciudad de Baeza”. Posteriormente la Cofradía pasó al Convento de la Merced, como también vemos en estas Ordenanzas en las que se dispone que sean cambiadas las palabras “Carmen” por “la Merced” y “Rector” por “Comendador”.
Estas primeras Constituciones que estamos recordando datan del año 1587 y constan de once capítulos; siendo rectificadas poco tiempo después, en 1592. Un apresurado y breve recorrido por el contenido de las Ordenanzas primigenias nos permite conocer como se pretendía regular la vida de nuestra Cofradía en el momento de su establecimiento.
El capítulo primero habla de la manera en que deben ser recibidos los nuevos cofrades y las personas, que han de estar presentes en dicho Acto. Así, se establece que ha de ser en Cabildo de Oficiales (Cabildo de la Junta de Gobierno que constaba de Padre Comendador, Alférez, Mayordomo, Alcalde, Consiliario, Fiscal y las Escuadras) y que las personas que pueden entrar en él tienen que ser de buena vida, fama y costumbres; además señala que no entren Caballeros para que se conserve la paz.
Al nuevo hermano se le obliga a tener una túnica morada y capilla; así como una soga para el cuello que llegue hasta los pies y otra con la que se ha de ceñir. También se indica que han de tener una cruz de madera de once cuartos “en largo” y los brazos de dos varas conforme a los demás.
El capítulo segundo trata del orden que han de llevar los hermanos en la Procesión del Viernes Santo, de las insignias y de las estaciones que han de recorrer. En cuanto a los hermanos dispone que todos deben ir descalzos y vestidos con túnica, cruz y soga; que irán con mucho silencio, sin poder hablar con otro, y sin que ninguno pueda llevar cosa alguna por donde pueda ser reconocido.
El capítulo tercero habla de las funciones (fiestas) que se han de hacer a lo largo de todo el año en honor de Nuestro Señor; estas son: la primera el día de la invención de la Cruz, es decir el tres de Mayo; otra el catorce de Septiembre que es el día de la exaltación de la Cruz; y la tercera, por las almas de los cofrades, el domingo siguiente al día de difuntos.
En el capítulo cuarto se establecen las obligaciones que tienen las Escuadras elegidas, debiendo exhortar a la confesión y comunión a todos los hermanos.
El capítulo quinto se dedica al ceremonial que debía realizarse al fallecer los cofrades. Así se establece como enterrar a los difuntos y se fijan las misas y cera que la Cofradía ha de sufragar a cada uno.
El capítulo sexto fija las normas para celebrar los cabildos, cuando se han de convocar y quién puede asistir a ellos. Las personas autorizadas para participar eran: el Comendador del Convento, Alférez, Mayordomo, Alcalde, Consiliarios, Fiscal, Escuadras y Escribano. Los Cabildos Generales que se han de celebrar cada año son tres: El Domingo de Ramos, el día de la Natividad de Nuestra Señora, que es el ocho de Septiembre, y el día de la Purificación de Nuestra Señora, que es el dos de Febrero. En todos ellos el Padre Comendador debía dar una plática para recordar a los hermanos sus obligaciones.
El capítulo séptimo trata de cómo se debe elegir la Junta de Gobierno y cuando se debe hacer.
El octavo se establece las aportaciones de los hermanos a la Cofradía, fijando la cantidad de cera que hay que dar para el sustento de la hermandad y se señala, además, que se ha de dar dos maravedíes cada sábado del año.
En el capítulo noveno se regula la cesión del puesto en la Cofradía por renuncia o fallecimiento de los hermanos. En el caso de que un hermano renuncie a su pertenencia a la cofradía no lo puede hacer en otra persona, quedando su plaza sin cubrir y libre para el ingreso de nuevos hermanos. Pero en caso de fallecimiento el que heredase todos los bienes del difunto sería el que heredaría la pertenencia a la Cofradía, si así lo pide; en este caso, a éste se le admite igual que a los demás, es decir por votación.
El capítulo décimo se dedica a los aspectos económicos, recoge la forma de rendir cuentas y como se han de dar éstas, así como cuando se realiza la entrega.
A continuación de él, en el decimoprimero y último capítulo de estas Ordenanzas, se establece que la Cofradía se guarda el derecho de añadir o suprimir algún capítulo.
Estas Ordenanzas primigenias fueron aprobadas por el Obispo de Jaén, D. Francisco Sarmiento de Mendoza, el día 15 de Febrero de 1593. Pero en esta disposición del Obispo se establecían dos salvedades u acotaciones a la redacción propuesta por la Cofradía. La primera era la prohibición de enajenar los bienes de la Hermandad, y la obligación de la cofradía de mantener éstos, siempre, a disposición del Obispado bajo pena de Excomunión; la segunda fue la obligación de hacer unas nuevas Ordenanzas o arreglar estas.
Por esta causa, la Cofradía realiza en ese mismo año la reforma de sus Estatutos y vuelve a sacar unas nuevas Ordenanzas que constan de doce capítulos, quedando éstos como siguen:
El primero, trata solamente de que el Mayordomo sea el que lleve el Estandarte con el rostro cubierto en la Procesión del Viernes Santo. Mientras que en el segundo, establece quien es la persona que ha de gobernar dicha procesión, ya que el Mayordomo lleva el Estandarte.
Los tres siguientes regulan cuestiones relacionadas con la muerte de los hermanos. Así en el tercero se establece la posibilidad de que la mujer de un cofrade fallecido pueda seguir como hermana sin pagar nada. En el siguiente, el cuarto, se determina que los cofrades paguen ocho maravedíes a la muerte de un hermano y que en caso de que alguno no los pague se le imponga una multa de dos ducados. El capítulo quinto se ordena que la Cofradía pague la cera y las misas que se le digan al difunto cuando fallezca un cofrade. A ellos se añade otro más, el décimo, en el cual se dispone que vayan a los entierros ocho clérigos para que éstos sean más lucidos y que los gastos los pague la Cofradía.
&XVII=La Procesión vuelve a ser tratada en otros tres capítulos. El sexto se dedica al modo de vestir de los cofrades en ella, señalando que la túnica es morada de lienzo, soga al cuello y cintura, se deben llevar los pies descalzos y la cruz a cuestas; también se dispone que a los que vayan calzados en la Procesión se les puede echar de ella, a no ser que tengan alguna enfermedad. El capítulo octavo indica que asista a la Procesión la Cruz Parroquial, para lo cual se debe avisar al párroco por medio de los Oficiales de la Cofradía. Mientras que en el noveno se dice que se hagan unas túnicas para los dos Muñidores (Criados de la cofradía que avisaban a los hermanos los ejercicios y actos a los que debían concurrir) que van delante de la Procesión.
Intercalado entre ellos se encuentra el capítulo séptimo, donde se indica que la elección de cargos se haga todos los años, en el último día de Pascua diciendo antes una Misa de Espíritu Santo. Finalmente en los últimos se vuelve a reservar a la Cofradía el derecho a añadir o suprimir capítulos en las Ordenanzas, en el decimoprimero; y se establece una derrama en el decimosegundo donde se dispone que como se ha acrecentado en ocho clérigos los entierros, cada cofrade pague dos reales por única vez.
Estas ordenanzas reformadas fueron aprobadas en Jaén por el Obispo D. Baltasar de Moscoso y Sandoval el 1O de Agosto de 1632.
También señalaremos que en estas Ordenanzas se recoge también la fórmula que la Cofradía tenía para recibir a los hermanos, que era: “EI Padre Comendador dice: Hijo esta Cofradía te recibe con mucho amor y voluntad. Lo primero que has de guardar estas Ordenanzas como en ellas se contiene. Lo segundo, has de acudir a las confesiones y comuniones cuando su escuadra le avisare. Lo tercero que has de rezar una parte del Rosario por cada hermano que se muriere y has de pagar ocho maravedíes por cada difunto para que con esto y su buen ejemplo esta Cofradía vaya adelante. El nuevo hermano dice besando el Escapulario: Así lo prometo”.
Posteriormente la Cofradía añadió dos nuevas Ordenanzas, la primera dice que cualquier hermano de esta Cofradía que fuere Mayordomo de ella haga salir la Procesión el Viernes Santo y otras cualquiera que se hagan por devoción, con la cara tapada y como se estila en dicha Cofradía y solo saldrá con la cara descubierta si el tal Mayordomo fuese cura, y como tal tiene que sacar el Estandarte con su vestimentas de costumbre.
La segunda dice que el Mayordomo cuando no pueda sacar el Estandarte mande quien debe sacarlo, siempre que sea de la misma Cofradía. También añade que todo aquel que no cumpla las Ordenanzas puede ser expulsado de la Cofradía. Estos dos capítulos fueron aprobados por el Obispo D. Fray Jerónimo Rodríguez Valdenas el 7 de Marzo de 1669.
&XVIII=Todos estos datos hemos llegado a conocerlos porque en 1783 el Rey Carlos III otorga un Real Decreto sobre el arreglo de Cofradías en todo el Reino, debido a los abusos cometidos por muchas de ellas. La Cofradía de Nuestro Padre Jesús prepara toda su documentación en 1797 y la presenta al Real Consejo, el cual lo manda a la Real Chancillería de Granada para que esta de su informe sobre el contenido de las Ordenanzas.
El Fiscal de su Majestad da una resolución diciendo que esta Hermandad se manda extinguir por no ser Sacramental y en el caso de que se estime que debe subsistir expone el Fiscal que deben reformarse algunos capítulos, como son: El primero por excluir a los caballeros. El segundo debe reformarse completamente porque estas exterioridades no son las que causan la verdadera devoción, pues el hecho de llevar el rostro cubierto esta prohibido por ley, porque los enmascarados son hombres sospechosos, y en estos años de devoción ninguno debe ocultarse. El resto también se transforma en lo concerniente a los pies descalzos, que debe abolirse.
También da por nula la aprobación que hizo el Obispo de Jaén en 1593, puesto que no tenía autoridad para hacerlo y además tampoco puede permitirse que continúe en el convento de la Merced, porque se debe fijar y trasladar todas las Cofradías a las Iglesias Parroquiales. Entonces se hace saber al Mayordomo que hasta que el Consejo apruebe estas Constituciones se suspenda en sus juntas y funciones.
La Real Chancillería de Granada decreta que debe subsistir dicha Cofradía y aprobarse sus Ordenanzas, rectificando el primer capítulo, lo referente a los caballeros y el sexto referente al calzado. Fue dado en Granada a 31 de Mayo de 1802. Como vemos por todo lo anteriormente expuesto la tradición de la Cofradía era llevar el rostro cubierto, ya que tan solo el Fiscal de Granada propone que se descubra.
Existen otras Constituciones aprobadas por el Real Consejo de Castilla el 21 de Marzo de 1803 en el Archivo Histórico Nacional, en las cuáles están ya rectificados los artículos primero y sexto como se había ordenado.
Las últimas constituciones que tenemos de la Cofradía fueron aprobadas en Cabildo celebrado el 3 de Mayo de 1899 y están insertas en el Libro de Actas de Cabildos que comienza el 24 de Marzo de 1782 y finaliza el 8 de Abril de 1930. Dichas Ordenanzas constas de diez capítulos y se realizan por encargo del Cabildo ya que las anteriores se habían perdido.
Desde 1782 hasta 1839 el Mayordomo se elegía por voto secreto y anualmente, y este señor era el encargado de costear todos los gastos que se produjeran en la Procesión. Posteriormente, el Mayordomo deja de existir como tal, ya que no hay nadie que quisiera hacerse cargo de ello. Más tarde se elegía el Mayordomo para una serie de años y no pagaba nada ya que los gastos eran sufragados por todos los Cofrades. Últimamente el Mayordomo pasa a ser el hermano de más antigüedad en la Cofradía. En nuestros días, al existir unos nuevos estatutos, el Hermano Mayor que ahora se le llama "Hermano Sacristán "se elige cada tres años por todos los Cofrades.
En Cabildo celebrado en casa del Mayordomo D. Andrés Fontecillas Acuña, el 17 de Noviembre de 1796 se vio que el camarín del Señor en el Convento de la Merced se estaba cayendo, así como el Convento, y se acordó cambiar la imagen a la Parroquia de San Pablo.
&XIX=Se pidió permiso al Señor Obispo. Ahora bien, como los frailes dicen que la imagen es suya, se empieza un pleito que gano la Cofradía pero en estos debates se tardaron seis años, durante los cuales no pudo salir la Procesión. Todo resuelto se traslada la Imagen en Procesión por la calle Barreras y San Pablo a la Iglesia donde actualmente se encuentra. Con esto se resuelve el que la Cofradía pase a ser Sacramental, por residir en Parroquia, como imponía Carlos III y quizás por estas nuevas transformaciones se reforman sus Ordenanzas que son aprobadas en 1802.
Más adelante se ve como faltan unos Cabildos entre los años 1804 y 1824, pensamos que pudo ser debido a los momentos delicados por lo que estaba pasando la historia de España.
Pasamos ahora, a las tradiciones de la Cofradía, siendo de especial importancia son las relaciones mantenidas con la Cofradía del Santo Entierro de Cristo.
En un Cabildo celebrado el viernes 6 de Abril de 1855, se da cuenta a la Cofradía de una invitación que hace D. Antonio Aguilar para que el Cristo de El Paso acompañe al Santo Entierro en su procesión del Viernes Santo por la noche.
El Secretario D. Andrés de Robles tomó la palabra y dijo, que la mayoría de las Hermandades de Baeza no tenían aprobados sus Estatutos por el Real Consejo de Castilla como ellos lo habían obtenido en el año de 1803 y como el Santo Entierro se encontraba en esta situación y hacía años que estaba disuelta la Hermandad, acordaran por votación de once votos contra tres la no concurrencia por no considerarla como tal Cofradía.
Volvemos atener noticias en Cabildo del 3 de Abril de 1896 referente a un Cruce de Gallardetes en las "Cuatro Esquinas" al que la Cofradía del Santo Entierro no concuerde (no tenemos noticias de cuando comienza esta clase de hermanamiento). Y al año siguiente el 11 de Abril de 1897 la Cofradía de El Paso, dispone que no se vaya al Cruce de los Gallardetes, ya que no hubo respuesta a un oficio que se le mandó al Santo Entierro.
Tras estos dilemas, vemos en los Cabildos de principio del siglo diez y nueve, como el del 27 de Marzo de 1918, que la Cofradía del Santo Entierro invita a El Paso a ir en la presidencia de Procesión, y esta accede. Así continúa la tradición hasta nuestros días de cruzar los Gallardetes, en la Procesión de El Paso en las Cuatro Esquinas y en la Procesión del Santo Entierro dos cofrades de El Paso vuelven a cruzarlo, colocándose a la derecha de los representantes de este y acompañándolo en toda su Procesión, este último cruce no tiene un lugar determinado, porque el Santo Entierro varía su itinerario y unas veces ha sido en la Calle Magdalena, otras en la Puerta del Ejido, actualmente se realiza en el Arco del Pópulo.
&XX=Por último vemos que la Procesión deja de salir durante los años de la Guerra Civil (1936-1939), hasta que el Párroco reúne a unos señores y les animo a seguir sacando las imágenes el Viernes Santo, y así sigue hasta nuestros días.
Podemos destacar dos hechos importantes en la Cofradía, que son la aceptación de ser Hermano Mayor Honorario los Reyes D. Alfonso XIII el 26-6-1920 y D. Juan Carlos I el 30-4-1976.
&ACTUAL=Por último pasamos a relatar lo que es la Procesión actualmente: Tras todos los preparativos del montaje de las Imágenes, sus vestimentas y adornos de los tronos. Llegamos al Viernes Santo y, ese día a las 9,30 de la mañana salimos de la Iglesia de San Pablo, comenzando la Procesión con una banda de tambores y cornetas, le sigue la Cruz guía (de madera de unos dos metros de alta y las conteras plateadas llevando en la intersección de los dos brazos una placa con las letras J.H,S.). A continuación, el Gallardete que es idéntico al que nos explican los Estatutos antiguos, le siguen las Escuadras de penitentes empezando por los bocineros (hoy desgraciadamente desaparecidos), los hermanos de la cruz al hombro. Los penitentes lucen túnica de paño marrón con cola, cuyas bocamangas son de terciopelo color Burdeos al igual que el peto, este lleva sobre el pecho una cruz dorada símbolo de la Cofradía, sobre la cabeza una toca con un adorno plisado, se ciñe la túnica con cordón amarillo oro.
A continuación, Nuestro Padre Jesús portado en unas andas de caoba y adornos en plata. El Cristo sobre su alba blanca lleva una túnica de terciopelo Burdeos bordada en oro, por las monjas del convento de Santa Catalina y se ciñe con cíngulo dorado, sobre la cabeza una corona de espinas con tres potencias y en su hombro izquierdo una gran cruz de madera con remates dorados. Esta Imagen tiene movilidad en su mano derecha.
La Procesión continua, la Imagen de San Juan en el trono al lado de la Virgen, va vestido con túnica verde y manto rojo y en la mano una palma. Después le sigue el estandarte de tela con la esfinge del Señor que abre las filas de las hermanas que acompañan a la Virgen. Esta va en un trono plateado que fue en que lució en Señor durante bastante tiempo, y vestida con delantal, dicho delantal lleva detrás una inscripción que dice que fue bordado a principios de 1900, y manto de terciopelo negro bordado en oro y en su mano izquierda un pañuelo de encaje. Dicha Imagen tiene movilidad en la cabeza y brazos. Se cierra la procesión con las Autoridades.
Cuando se hizo este estudio el itinerario era el mismo que describen los antiguos Estatutos del 1899. Tras pequeñas paradas para descanso, que se suelen efectuar en los mismos sitios (a la salida delante de la casa de los Acuñas, en la confluencia con la calle Cózar, delante del colegio de los Jesuitas, detrás del Arco de la Puerta de Úbeda, delante de la casa de los Avilés, delante de la plaza de palacio), llegamos a la Catedral, se entra en la Iglesia dirigiéndonos a la Capilla Dorada para realizar la primera bendición al monumento del Santísimo. Cuando los oficios de Viernes Santo eran por la mañana, y se estaban realizando el Cristo no entraba y seguía su recorrido, hoy esta parada se realiza siempre pues los oficios son por la tarde.
Continua la Procesión y tras otra parada tradicional en la Puerta del Palacio de Jabalquinto, llegamos a la casa de Adriano (actualmente hotel y antiguamente de D. Andrés de Fontecillas) donde se tenía la costumbre de dar un refrigerio a los costaleros, consistente en vino y ochíos. Sigue la Procesión pasando por la puerta de Jaén y llegando a las cuatro esquinas donde se realiza el cruce de Gallardetes con el del Santo Entierro. Realiza otra breve parada ante la casa que fue de los Garridos en la calle Cipriano Alambra y llega al Convento de la Encarnación, donde vuelve a dar la bendición. La Procesión continua su recorrido parando levemente antes de llegar a la esquina de San Andrés, baja por la calle San Francisco, parando por último en la calle Concepción, donde se preparan las Imágenes para celebrar la Ceremonia.
La Virgen se cambia a unas andas pequeñas de madera por las que se puede deslizar para que realice mejor los movimientos de la Ceremonia, actualmente también se pone a San Juan en otras andas de madera pequeñas con el mismo fin.
La Ceremonia se realiza en la Plaza y comienza con la salida del Cristo de la calle Concepción, a su ver la Verónica, (que ha estado guardada en la casa del Sr. Chamorro en las Barreras y en otras andas pequeñas de madera) sale al encuentro de Jesús y le enjuga el sudor de la cara, quedando impregnado su rostro en el paño blanco que porta la Verónica, esta tanto a la llegada como cuando se retira le hace unas genuflexiones, que consisten en bajar y subir a la imagen. El Cristo continua su camino y se para en la esquina de las Barreas con la Calle de San Pablo. En ese momento aparece San Juan en la Plaza y la Verónica al verle le enseña el rostro de Cristo y se quedan los dos esperando la llegada de la Virgen, que entra en la Plaza llorando, limpiándose las lágrimas, y mirando al cielo con los brazos abiertos, se encuentra con la Verónica que le enseña también el rostro y ella lo coge lo besa y sigue llorando, San Juan le indica con el dedo donde esta su hijo e inmediatamente se dirige hacía él y se produce el momento culminante de la Ceremonia cuando madre e hijo se funden en un abrazo. Se termina todo el acto con la bendición que se dan ambos.
El Cristo continúa su marcha por la Calle de San Pablo seguido de la Virgen San Juan y la Verónica y se encierra en la misma Iglesia de la que partieron. De esta Ceremonia no hay noticias hasta el 1899 y no conocemos su procedencia. Actualmente esta Cofradía tiene unos nuevos Estatutos aprobados por el Obispo D. Santiago García Aracil el 25 de Enero de 1993.